Manuel Acuña – Hojas Secas


hojassecas

.

Esta es una entrada que quedó pendiente desde marzo de 2015, la dejo aquí antes de que se cumplan 2 años de que quise publicarla por primera vez.

 

I

Mañana que ya no puedan

encontrarse nuestros ojos

y que vivamos ausentes,

muy lejos uno del otro,

que te hable de mí este libro

como de ti me habla todo.

 

II

Cada hoja es un recuerdo

tan triste como tierno

de que hubo sobre ese árbol

un cielo y un amor;

reunidas forman todas

el canto del invierno,

la estrofa de las nieves

y el himno del dolor.

 

III

¡Mañana a la misma hora

en que el sol te besó por vez primera,

sobre tu frente pura y hechicera

caerá otra vez el beso de la aurora!

Pero ese beso que en aquel oriente

cayó sobre tu frente solo y frío,

mañana bajará dulce y ardiente;

porque el beso del sol sobre tu frente

bajará acompañado con el mío.

 

IV

En Dios le exiges a mi fe que crea,

y que le alce un altar dentro de mí.

¡Ah! ¡Si basta no más con que te vea

para que yo ame a Dios, creyendo en ti!

 

V

Si hay algún césped blando

cubierto de rocío

en donde siempre se alce

dormida alguna flor,

y en donde siempre puedas

hallar, dulce bien mío,

violetas y jazmines

muriéndose de amor;

.

yo quiero ser el césped

florido y matizado

donde se asienten, niña,

las huellas de tus pies;

yo quiero ser la brisa

tranquila de ese prado

para besar tus labios

y agonizar después.

.

Si hay algún pecho amante

que de ternura lleno

se agite y se estremezca

no más para el amor,

yo quiero ser, mi vida,

yo quiero ser el seno

donde tu frente inclines

para dormir mejor.

Yo quiero oír latiendo

tu pecho junto al mío,

yo quiero oír qué dicen

los dos en su latir,

y luego darte un beso

de ardiente desvarío.

y luego… arrodillarme

mirándote dormir.

.

VI

– Las doce…, ¡adiós…! Es fuerza que me vaya

y que te diga adiós…

tu lámpara está ya por extinguirse

y es necesario.

– Aún no.

-Las sombras son traidoras, y no quiero

que al asomar el sol,

se detengan sus rayos a la entrada

de nuestro corazón…

– Y ¿qué importan las sombras cuando entre ellas

queda velando Dios?

– ¿Dios? ¿Y qué puede Dios entre las sombras

al lado del amor?

-Cuando te duermas ¿me enviarás un beso?

– ¡Y mi alma!

– ¡Adiós!…

– ¡Adiós!…

.

VII

Lo que siente el árbol seco

por el pájaro que cruza

cuando plegando las alas

baja hasta sus ramas mustias,

y con sus cantos alegra

las horas de su amargura;

lo que siente por el día

la desolación nocturna

que en medio de sus pesares

y en medio de sus angustias,

ve asomar por la mañana

de sus esperanzas una;

lo que sienten los sepulcros

por la mano buena y pura

que solamente obligada

por la piedad que la impulsa,

riega de flores y de hojas

la blanca lápida muda

eso es al amarte mi alma

lo que siente por la tuya,

que has bajado hasta mi invierno,

que has surgido

entre mi angustia

y que has regado de flores

la soledad de mi tumba

.

Mi hojarasca son mis creencias,

mis tinieblas son la duda,

mi esperanza es el cadáver,

y el mundo mi sepultura…

Y como de entre esas hojas

jamás retoña ninguna;

como la duda es el cielo

de una noche siempre oscura,

y como la fe es un muerto

que no resucita nunca,

yo no puedo darte un nido

donde recojas tus plumas,

ni puedo darte un espacio

donde enciendas tu luz pura,

ni hacer que mi alma de muerto

palpite unida a la tuya;

pero si gozar contigo

no ha de ser posible nunca,

cuando estés triste, y en alma

sientas alguna amargura,

yo te ayudaré a que llores,

yo te ayudaré a que sufras,

y te prestaré mis lágrimas

cuando se acaben las tuyas.

-.-.-.-.-.-

Manuel Acuña fue un poeta mexicano del siglo XIX que estuvo estudiando la carrera de medicina y que no terminó debido a que murió a los 24 años. Me he encontrado con que la gente que tiene una formación en ciencia tiene una afición por las artes y que también pueden desarrollarse de manera genial en esta área. Manuel Acuña fue un romántico de la época y a pesar de su corta edad quedó como uno de los hombres ilustres. Lo trasladaron al panteón de los hombres ilustres de su natal Coahuila. Es una lástima que se haya quitado la vida ingiriendo una sal muy peligrosa (cianuro de potasio, dicen).

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