Diálogos 1 (De negritos y pecesitos)


– Yo no sé por qué mi cuñado insiste en parecerse a los negros.

– No les digas tan feo, son negritos.

– No, oí decir alguna vez que si les dices negritos es una cosa despectiva, aunque no entiendo bien eso, porque acá de donde somos el diminutivo no implica desprecio, o sino la gente no comería “panecitos”, “caldito”, “agüita”, ni se referiría a sus seres queridos como “bodoquito”, “papacito”, “hijita”, “muñequita” o “abuelitos”.

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– Pues en eso tienes razón, diles negros si quieres, o negritos, para mí es lo mismo.

– El punto es que no entiendo por qué tiene que ser tan escandaloso a la hora de hablar y tratando de adoptar costumbres ajenas. Imagino que reniega mucho de sus raíces, porque siempre se justifica de esas actitudes extranjeras, hablando de que sólo esa comunidad negra lo trató bien.

– Pues tal vez es que en esas costumbres encontró una forma de ser que sea más acorde con él, ¿no crees?

– Recuerdo que alguna vez dijeron que educarían a mis sobrinos para que hicieran y se comportaran como quisieran, que al fin son sus hijos, y eso me pareció bastante bueno, porque al fin uno puede hacer de sus hijos un cucurucho si quiere, aunque luego esos mismos hijos se traumen y no puedan soltar lo que traigan encima. También me quedó muy grabada la ocasión en que les dije que estaban en casa de mis papás y que no podían estar haciendo algunas cosas que no se acostumbraban ahí. Contestaron que sus hijos podían hacer lo que querían porque eran sus hijos, no importaba donde estuvieran.

– ¿En serio te contestaron eso?

– Bueno, palabras más palabras menos, pero la idea central es esa.

– Que raros son.

– Yo me quedé pensando mucho tiempo acerca de las implicaciones de lo que decían y me brincaron muchas cosas. Reflexioné acerca del dicho popular que dice que “a la tierra que fueres, haz lo que vieres”. Y pensé que si mis sobrinos algún día iban a otro país, y estaban acostumbrados a hacer su regalada gana, entonces era seguro que los encarcelaran a la primera, porque iban a seguir sus propias reglas y no las que tuviera el país a donde fueran, al fin la ética y la moral son diferentes en cada región.

– Oye, pero ¿no crees que está bien que los hagan independientes, autónomos y ajenos a este mundo tan canijo?

– No sé, creo que la mejor manera de poder generar cambios es estar inmerso completamente en el mundo del que reniegas para conocerlo a fondo y entonces saber de qué forma puedes moverte para generar esos cambios. Intentar crear cambios desde fuera, sin conocer algo a fondo, sólo hará que te des de topes a cada rato. Y entre tope y tope puedes acabar peor de perdido o renegando de tus antepasados por no haberte dado la oportunidad de desarrollarte adecuadamente en un ambiente en el que pudieras crecer.

– No entiendo muy bien tu punto, ¿crees que no se pueden desarrollar fuera de manera adecuada?

– Creo que sí se pueden desarrollar, pero no completamente. Es decir, un pez nada en agua todo el tiempo y se enfrenta a muchas cosas durante su vida. Aprende a interactuar con otros peces, a buscar su alimento y protegerse; y si sobrevive es un pez que se desenvolverá de manera óptima, podrá eventualmente generar un cambio en su entorno permaneciendo ahí. Pero si ese pez no se encuentra en libertad y está en una pecera, para protegerlo de los traumas de interactuar con otros peces, probablemente no sabrá sobrevivir adecuadamente. Lo mismo aplica para cualquier otro animalito.

– Pero tus sobrinos no son animalitos.

– En el sentido estricto sí, pero como cualquier animalito tiene que aprender a desarrollarse, creo que es muy peligroso porque al no conocer los diferentes peligros o beneficios puede perderse muy fácilmente, aunque las bases morales las tenga. En fin, al final de cuentas, cuando crezcan se corre el peligro de que renieguen de sus padres y que tengan una impresión muy negativa porque no les permitieron vivir ciertas cosas.

– ¿Y eso que tiene que ver con los negritos que decías hace rato?

– Ah, pues solamente que si no te adecuas al lugar en el que te encuentras, vas a resaltar y mucha gente te va a ver e incluso a tratar mal. Aunque eso que importa al final de cuentas si estás haciendo y siendo lo que quieres ser, ¿no? Pero lo que no me gustaría es que estos pequeños niños vivan cosas  que los dejen marcados mucho más feo, que las cosas que vivirían si se encontraran inmersos de alguna forma en el medio que ellos les quieren evitar… Ya se le está terminando la pila al teléfono, tengo que colgar. Anota mi número para ver si me marcas en otra ocasión y seguimos platicando, no?

– Sabes que no puedo llamarte, tu tienes que hacerlo. Lo que tienes que recordar para la siguiente ocasión que necesites hablar conmigo es marcar la extensión 2306 después del número 01-900. Adiós.

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