De juglares y museos


Querido diario… Querido blog… Mta, uno ya no sabe como empezar… Había una vez, un ente que pululaba por el planeta Tierra...  por un lado hay quien dice que un blog es como un querido diario. Y por otro existimos quienes decimos que eso no es necesariamente cierto.  En estas cosas se cuentan cosas… auch! que pueden ser muy variadas. Hay quien como yo escribe o presenta lo que sea que se nos ocurra. Hay quien habla sobre temas específicos. Hay videoblogs. Hay audioblogs. Muchas cosas serias y muchas cosas no tan serias, pero en fin. Esto es simplemente el resultado de todas las variantes posibles de personalidad que existen en el mundo. Y estas personalidades también han ido cambiando a lo largo del tiempo, y del espacio porque los intereses cambian. Esto lo constaté el pasado fin de semana en el Centro Histórico de la Ciudad de México,  la ciudad donde el aire se ve.

 

Centro Histórico de la Ciudad de México

¿Qué fue lo que viví para que yo diga semejante barbaridad? Pues creo que un fin de semana algo largo. En el centro del país, hay una gran cantidad de actividades que pasan de forma simultánea. Por ejemplo, el fin de semana pasado, estaba la X Feria del Libro del Zócalo en toda la plancha del zócalo capitalino. Pero no era lo único que por ahí acontecía. En los alrededores existen museos y más explanadas y recintos. En una de esas explanadas hicieron un evento relacionado con el reciclaje. En algunos museos había exposiciones como la ya tradicional de la inquisición en el Palacio de Medicina, o la exposición del miedo en el Museo de la Autonomía. Y todo eso era un hormiguero que cubría diversos gustos. Pero para ser más específico relataré una sucesión de eventos no desafortunados.

Pedrito (o sea yo, porque a veces se me van las cabras) llegó por la mañana a buscar algo en el centro. Buscaba algo no específico, pero llegó a la feria del libro, notó que en una de sus carpas o foros principales habría un concierto de un grupo por demás desconocido para él, Mester de Juglaría. Pero para su desgracia o fortuna, faltaba aún una hora. Pedrito se encontró con Oriana y se dispusieron a desayunar. Pedrito desayunó y regresaron puntuales al recinto. Se sentaron al frente y oyeron algo de música que usaba gaitas, tambores, y demás instrumentos al mero estilo medieval. Salieron de ahí, miraron libros (porque era feria del libro, pero habrían mirado pergaminos si fuera feria del pergamino medieval) y Pedrito dijo, quiero ir a arreglar mis asuntos para darle al césar lo que es del césar, así que se dirigieron a la Plaza de Santo Domingo buscando un usuario del invento de Gutenberg para mandar imprimir unos recibos, pero por ser domingo, día de dios, donde hasta esos hombres serviciales dan a dios lo que es de dios, no se encontraron mas que con una carpa gigante que  comía gente. La gente no gritaba de miedo, al contrario, entraban gustosos a ser digeridos por el ente gigante. Y más adelante eran expulsados por una hendidura en menor número debido probablemente a procesos digestivos, pues la gente que salía se veía diferente a la gente que entraba.

Mientras miraban tremendo asunto, llegó una paloma mensajera y decía que bombonsina iba en camino, no tardaría demasiado. Entonces alguien les dijo que lo que en esa carpa había era llamado PepenaFest y aunque ello sonara a que los iban a pepenar para darse un festín, se refería más a un festival de pepena. (Pedrito recordó sus años mozos cuando pepenaba botes de basura para ganarse el auto que él quisiera con tetrapak, y otra serie de eventos en los que era primordial conseguir etiquetas para que danup le arreglara su cuarto, el cual sigue sin arreglar). En el PepenaFest se dio cuenta que los gustos medievales iban cambiando. Antes la gente gustaba de música con gaitas y ahora había gustos más electrónicos y a base de tecnología. La tecnología se usaba ahora para tratar de cuidar el ambiente, cuando en la edad media se usaba para brincar bardas de castillos. Se hablaba de azoteas verdes, cuando antes lo verde eran los alrededores. El uso de aditamentos especiales para sustituir el jabón y detergentes. En eso la edad media y la era del PepenaFest compartían algo en común. ¡Casi no se usaban los jabones!

Oriana oyó hablar de un biodigestor y le explicaron que era una forma de tratar la basura orgánica, y crear combustible gaseoso, con unos animales minúsculos llamados bacterias. Esas bacterias si que tienen vida, exclamó. ¡Solamente tienen que comer, reproducirse y echarse pedos! ¿Quién fuera bacteria verdad? Bombonsina llegó y se dispusieron a entrar al Palacio de Medicina, porque alguien les hizo llegar de alguna forma (no señales de humo, porque con la contaminación actual y los gases de los que hablaban, se habría perdido el mensaje) los datos de una Exposición del Miedo.

En medicina, la guardia medieval les comentó que ahí solo verían cosas de la inquisición, y que si deseaban adentrarse podían hacerlo, pero como Pedrito sufría cada vez que veía el potro y demás aditamentos, prefirieron alejarse del Palacio de la Escuela de Medicina, antes que quedar atrapados dentro de alguno de los aditamentos de tortura, porque aquella guardia habló del libre paso o libre entrada, pero no de la libre salida. Así que se dirigieron a paso presto al cercano Museo de la Autonomía. Pasaron junto al templo mayor y una vez llegaron al lugar se toparon con un hombre lobo que parecía haber derrotado a El Santo, pues tenía actitud victoriosa y rabiosa. La exposición agrupaba a seres a los que se dice que la humanidad, desde sus inicios ha tenido miedo, desde un lindo gatito asesino dientes de sable (en los picapiedra era una de las mascotas y Pedrito lo recordaba con amor infantil), monstruos y dioses mitológicos, donde lo que a él más miedo le dio fue el parecido que tenía Quetzalcoatl con Medusa. Después pasando por vampiros, brujas y sacrificios. En esa exposición se trasladó desde los albores de la historia humana registrada, donde se sintió capitán cavernícola, Azteca, Inca, Griego y Romano a la vez, donde las letras en su cabeza se entretejían formando laberintos de Minos para no dejar escapar al minotauro que llevaba dentro (ya hacía mucha hambre). Y en el transcurso de ese recorrido viajó por el tiempo hasta llegar a épocas actuales de zombies. La audioguía que venía incluída no la usó porque no le permitía concentrarse en otras cosas, como las garrafales faltas de ortografía que aparecían por ahí y de las que tomó nota. Y pensó que esa es una de las constantes que han acompañado a la humanidad y no cambian tanto como los gustos.

Una vez fuera, caminaron por la calle de moneda hasta regresar a la inicial feria del libro. Que ahora sí era una feria del libro y no tenía ya nada de medieval. Mientras paseaban por ahí, pasó caminando Iván Oñate, cual Déjà vu andante, acompañado por una palera no tan linda como la chica guapa que tocaba su corazón al escuchar sus palabras, y junto a la cual se había sentado el día anterior en una conferencia.

Después del efímero Déjà vu el día comenzó a declinar y todos recorrieron sus pasos de regreso a su hogar, dejando imágenes, signos y símbolos volátiles a los que Iván Oñate refirió el día anterior y a los cuales, en ese momento se unió.

Y es por eso que comentaba que los intereses de la humanidad cambian con el tiempo, que puede ser el tiempo de un día entero, o de toda una serie que abarca hasta miles o simplemente cientos de años. Si alguien quiere apoyar de alguna forma para arreglar el cuarto de Pedrito, por favor póngase en contacto directo conmigo, que yo canalizaré las solicitudes.

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2 comentarios

Archivado bajo Arte, Cosas, General, Música, Relatos

2 Respuestas a “De juglares y museos

  1. Me gustó la crónica, mucho más que textos pasados.

    Saludos,
    La chica guapa.

  2. Pingback: La habitación de las mariposas de Ramón Cerdá o de Libros para entretener | Mas de vez que de en cuando

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