Procuraba oler todo, había pasado hambre mucho tiempo y solía comer lo que podía. Las frutas no eran su especialidad, había que subir árboles y no era buena en ello. Prefería urgar en raíces y beber del arroyo. Caminar sólo lo necesario, dormir a más no poder.
Su existencia no era tranquila porque sentía presión en varios aspectos de su vida. Sentía que era la última de su especie, deseaba que hubiera más, pero el alimento y hogar no abundaban, amigos siempre faltaron. Recordaba cuando pequeña mientras jugaba con sus hermanos y era feliz en su madriguera sin tener más preocupaciones que divertirse. En fin, su vida de armadillo transcurría mientras por encima florecían algunas epífitas y su imagen se transmitía vía satélite mediante una serie de cámaras digitales que monitoreaban su comportamiento.




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